ENTRETENIMIENTO

LLEGÓ EL TIBURÓN

Alexánder Torrenegra es un exitoso emprendedor y uno de los protagonistas de Shark Tank Colombia.
Alexánder Torrenegra
Por: Sergio Ramírez
Hora de compartir:

Era un niño delgado, inteligente, el más joven del salón, el más pequeño, del cual se aprovechaban algunos de sus compañeros  en  la escuela. Por obra y gracia del bullying (que en ese entonces ni nombre tenía) las papas que Alexánder Torrenegra compraba con el dinero que le daba su madre cambiaban de manos antes del primer descanso. “Me quedaba sin comer”.

Lo que habría podido ser un desastre, el pequeño Alex lo convirtió en su primer emprendimiento. “Me puse a pensar en una forma de hacer dinero y empecé a ofrecerles a mis compañeros de 4° y 5° de primaria que les hacía la tarea. La cosa funcionó tan bien que conseguía el dinero suficiente para comprarme dos paquetes de papas: uno para mí y otro para los que venían a quitármelo”.

IMG_6392

La tecnología, el otro elemento que marcaría su futuro, la había descubierto algunos años antes. Tendría alrededor de cuatro cuando fue por primera vez a la oficina de su abuelo. Allí encontró una computadora, en aquella época unos gigantescos aparatos de escritorio, que le prestaron para que se entretuviera. Aún hoy, unos 35 años después, Torrenegra, quien nació en Barranquilla pero creció en Bogotá, recuerda los detalles de aquel juego, aunque no su nombre. “Hasta ese momento yo solo había visto programas de televisión -explica-, y quedé enamorado de la posibilidad de poder controlar lo que pasaba en la pantalla”.

Posteriormente todo se iría uniendo. Durante su adolescencia, al salir del colegio, se iba a hacer tareas al trabajo de su madre, funcionaria del área administrativa de la Escuela Superior de Administración Pública. Después de las 5 de la tarde, que terminaban las clases, se iba a la sala de cómputo de la universidad. “Yo cogía el diskette que me encontraba por ahí lo metía en computador y me ponía ver qué era”.

Se obsesionó con la idea de conseguir su propio computador y, como ocurrió cuando niño, comenzó a buscar la forma de conseguir dinero. Su barrio, en el norte de Bogotá, era un sector nuevo de casas grandes y pocos negocios. Se le ocurrió que, con la computadora que aún no tenía, podría hacer transcripciones de documentos, tesis, trabajos, etc. y cobrar por ellas.

Hizo su primer estudio de mercadeo. Repartió volantes, analizó el mercado, calculó tarifas. Todas sus proyecciones concluían que el negocio sería un éxito, pero ¿Y la computadora? A sus manos llegó un volante en el cual un reconocido banco presentaba un nuevo producto: una cuenta para jóvenes estudiantes, entre los 15 y los 25 años, que ofrecía, entre otros servicios, préstamos para libre destinación.

unnamed (1)

Alexánder, que estaba a punto de cumplir 15, vio su oportunidad. Fue a la sucursal más cercana, hizo fila y pidió su préstamo. El funcionario lo miró de manera condescendiente y le dijo que para pedir un préstamo necesitaba un trabajo. Torrenegra (realmente el apellido de su abuela) se disgustó tanto y armó tal jaleo que terminó sentado en la oficina de la gerente de la sucursal, quien, tras escuchar su presentación comercial, le entregó, en efectivo, el dinero que necesitaba y cuatro recibos de pago, ya diligenciados, para que consignara trimestralmente los abonos más los intereses.

“Tuve un problema con la computadora y me retrasé en el pago”, recuerda. Cuando llegó a la oficina el cajero le informó que ese recibo no le servía porque ya se había vencido la fecha, que averiguara por su préstamo y pidiera que le diligenciaran un nuevo recibo; sin embargo, cuando fue a hacer el trámite descubrió que el banco no tenía referencia alguna sobre un préstamo a su nombre.

“Mucho después caí en cuenta de que lo más probable es que la gerente del banco me prestó la plata de su bolsillo. Eso es lo que los emprendedores llamamos un ángel. Desde entonces la estoy buscando para darle las gracias, pero no la he podido encontrar”.

Resultado de imagen para Shark Tank ColombiaAlgo similar, aunque con una dosis más grande de sufrimiento para los jóvenes emprendedores, es lo que Alexánder busca hacer con los participantes de Shark Tank Colombia, el programa que se transmite actualmente por el Canal Sony. Los productores lo eligieron como uno de los “tiburones” por su habilidad para desarrollar empresas tecnológicas.

Torrenegra, quien abandonó la carrera porque “sentía que estaba aprendiendo más en mi negocio que en la universidad”, creó en 2001 una incubadora llamada Torrenegra Labs, con la cual ha creado unas 10 empresas y ha invertido en por lo menos 30 más, entre ellas Voice 123 y Bunny Inc, uno de los bancos de voces profesionales más importante del mundo.

“Hay formas mucho más fáciles de hacer dinero que emprender – asegura-. Uno no emprende para llenarse de plata, tiene que haber algo más. No es fácil exponerte a que te desbaraten todo, porque de cada 100 personas que te escuchan, una te va a parar bolas”.

Hora de compartir: