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LA GENERACIÓN DE LA MELANCOLÍA

En esa riqueza de ritmos e historias aparece una nueva generación que ha construido mediante la melancolía una filosofía sonora que valida su visión sobre el siglo XXI
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Por: Álvaro González
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SE HA DEFINIDO A LA MELANCOLÍA COMO UN ESTADO DE ÁNIMO HABITADO POR LA TRISTEZA, O COMO LO ESCRIBIÓ VÍCTOR HUGO HACE ALGUNOS SIGLOS, COMO “LA FELICIDAD DE ESTAR TRISTE”.

 

Más allá de sus diferentes definiciones, la melancolía podría asumirse como una forma de vida que ha logrado, a través de la historia, construir profundas estéticas relacionadas con la literatura, las artes escénicas, la música, las artes plásticas, el cine, entre otras.

Si bien la historia de la música independiente colombiana no ha tenido, hasta el momento, una etapa melancólica, por llamarla así, algunos episodios sonoros escritos por Estados Alterados, Los Árboles, Frankie ha Muerto, Compañía Ilimitada, Tenebrarum, La Derecha y hasta los propios Aterciopelados y Kraken, lograron crear atmósferas melancólicas que le proporcionaron a nuestro repertorio otros colores, otras sensaciones.

 

Cuando ingresamos al imaginario de la música independiente colombiana actual, está habitado por un fuerte componente rítmico, y si revisamos sus letras, en especial en el hip hop, el metal y el punk, existe una lectura dura y real de nuestra cotidianidad. En esa riqueza de ritmos e historias aparece, con sutileza, una nueva generación que ha construido mediante la melancolía una filosofía sonora que valida su visión sobre el presente siglo XXI y nos brinda, de paso, otras memorias y nuevas interpretaciones sobre nosotros mismos.

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El 2018 ha visto el crecimiento de proyectos que han trabajado con atención la textura y el texto melancólico: desde la profundidad electrónica de Möugli y Sagan, transitando por la poesía de Nicolás y los Fumadores y Danta, la elegancia del rap y el soul de TSH Sudaca y Mabiland, el pop bien elaborado de Felisa, Lunalé y Soy Emilia, la experimentación de Brina Quoya, Arrabalero, Hermanos Menores y Montaña, hasta el extraño e interesante vértigo sonoro de Margarita Siempre Viva y de Quemarlo todo por error, evidencian una nueva época de la música independiente colombiana.

El objetivo no es el de etiquetar un momento sonoro, y muchos menos a un grupo de artistas. Por el contrario, se trata de enriquecer a un movimiento que durante muchas décadas ha luchado por darle voz a quien no la tiene, y ese es uno de los objetivos del arte. Por lo tanto, es grato observar que una generación que también se ha alimentado e inspirado en su ejercicio creativo con las propuestas de Luis Alberto Spinetta, Mogwai, Björk, Charly García, The Cure, Placebo, David Bowie, Joy Division, Gustavo Cerati, Sigur Rós, Explosions in the Sky, entre otros, evidencian que en uno de los países más felices del mundo también existe un espacio para la profunda contemplación que produce la melancolía.

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