MUJERES

¡MUJER!

Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt es un referente para quienes buscan defender el medio ambiente, pero también para aquellos que quieren defender su identidad.
Camilo Villabona
Por: Sergio Ramírez
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“Si hubieran podido decidir ¿Qué les habría gustado ser?”, preguntó el profesor en medio de un taller pedagógico. “¡Mujer!”, respondió sin apenas pensarlo. En aquella época de estudiante universitario (comienzos de los años 80), Luis Guillermo Baptiste también quería ser un destacado activista en defensa del medio ambiente. Junto con sus compañeros de la carrera de Biología en la Universidad Javeriana, organizaba marchas y protestas en contra de proyectos como la represa de Urrá, en el departamento de Córdoba, que, por esos días, era el blanco preferido de los ambientalistas; recuerda que, incluso, llegó a amarrarse a un árbol para demostrar la firmeza de su compromiso.

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El pasado 6 de septiembre, radiante en un traje diseñado por Marcela Rozo en tonos azules y verdes, adornado con imágenes de passifloras, Brigitte Baptiste recibió, de manos del príncipe Constantino de los Países Bajos, el premio Príncipe Claus por sus destacados logros en el campo de la cultura y el desarrollo, lo cual coronaba una serie reconocimientos que ha recibido por su incansable trabajo en bien del medio ambiente en Colombia. Más de 30 años después de esas primeras expresiones de libertad, puede sentirse tranquila: Brigitte, Luis Guillermo, Baptiste Ballera es lo que había querido ser.

Desde pequeño se interesó por los otros seres vivos. Durante sus vacaciones de infancia, en un centro recreativo, pasaba horas persiguiendo lagartijas y mariposas (sin lastimarlas). “Siempre me ha gustado la fauna silvestre, desde pequeñita estaba muy atenta; me encantaban las hormigas”

Buscando a Brigitte

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Al dilema sobre elegir su futuro, en Luis Guillermo se sumaba el dilema de determinar su esencia. También desde muy pequeño tuvo claro que era mucho más de lo que su apariencia exterior reflejaba. “Creo que desde que uno comienza a compartir con otros niños en el kínder, o antes, se da cuenta de que se siente de una forma que no cuadra con el esquema de las cosas -explica-; pero también me di cuenta muy rápido de que no había manera de planteárselo a los demás, y no porque mi familia fuera particularmente conservadora, por el contrario, era una familia muy tranquila y mi hermana era una buena compañera en ese sentido”.

Su hermana Carolina, año y medio menor, fue su cómplice, y sus juegos se convirtieron en el único espacio disponible para expresarse en libertad. “Viví mucho mi infancia femenina de su mano, jugar como hermanas era chévere; además, en esos juegos, ella tomaba también roles masculinos, entonces nos movíamos a través del género con mucha facilidad; lo mismo con mis primas, porque, sobre todo en la infancia, no era un ámbito muy restrictivo”.

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La adolescencia fue distinta. “Mi recuerdo de cuando estaba en tercero y cuarto de bachillerato es una soledad espeluznante y una depresión muy grande que solo lograba compensar porque me gustaba estudiar y a los profesores les gustaba que estudiara, entonces era absolutamente nerda”. En el entorno del colegio sintió que la feminidad dentro de lo masculino era algo inaceptable para los otros. “A partir de ese momento decidí desaparecer, mi identidad de género era muy confusa, entonces me concentré en estudiar”.

En secreto comenzó a atesorar objetos que le recordaran quién era. A los 13 años compró un sostén, luego un colorido vestido, un traje ceñido y muchas cosas que nunca lució por fuera de la seguridad de su cuarto. “Esas cosas se quedaron guardadas y todo eso que tenía adentro comencé a expresarlo a través del arte, de mi gusto por el dibujo y medio sobreviví con eso”.

Te invitamos a leer  la entrevista completa en nuestra edición impresa de febrero que ya está disponible o en nuestra App Maxim Colombia.

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