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MI CARTA A LA SELECCIÓN DE COLOMBIA

Ser un aficionado de Selección Colombia es un asunto de toda la vida.
Por: Santiago Rivas
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  1. EL TEXTO QUE LEERÁS A CONTINUACIÓN  FUE ESCRITO  POR  NUESTRO COLUMNISTA SANTIAGO RIVAS PARA LA EDICIÓN DE JULIO. CLARO, NADIE SABÍA QUÉ IBA A PASAR CON LA TRICOLOR,  CUÁLES SERÍAN NUESTROS SENTIMIENTOS Y HOY, LUEGO DE UN RESULTADO DESAFORTUNADO, PESE A LA GRANDEZA DE LOS NUESTROS EN LA CANCHA, SIN LUGAR A DUDAS LAS  PALABRAS DE RIVAS NO PERDIERON VALIDEZ NI LA PERDERÁN, PUES COMO ÉL LO AFIRMA “SER UNA AFICIONADO DE LA SELECCIÓN COLOMBIA” ES UN ASUNTO DE TODA LA VIDA

 

Muchachos: escribo esta carta a solo horas antes de verlos jugar su primer partido en el Mundial. Todos en Colombia y los nuestros en Rusia nos estamos preguntando qué equipo saltará a la cancha contra Japón, qué nos deparará el fútbol, siempre tan caprichoso (y en este Mundial más) de aquí en adelante.

Sé que para ustedes es claro que la formación importa, pero nunca tanto como la concentración; que importa el talento, si se combina con valentía. Han tenido la oportunidad de verlo una y otra vez en innumerables partidos. Hay algo que cada equipo aporta, que ningún otro puede. Si traen las dosis suficientes, si las ponen completas, si las administran bien, ese diferenciador empieza a pesar.

 

Lo nuestro es la alegría. Nuestra irónica, desbocada, ciega y contradictoria alegría que tan a menudo roza con el caos o con la negación. La misma que bien administrada nos hace humildes, pero seguros de nuestro talento; atrevidos, pero conscientes de nuestras responsabilidades; creativos, valientes y generosos, pero nunca insensatos. Esa dicha que explota cuando bailamos, cuando nos sentamos a la mesa y nos echamos chistes los unos a los otros, me parece que es el equilibrio perfecto entre lo que podemos hacer y lo que debemos.

Es un privilegio, a fin de cuentas, tener el deber de ser alegre. Pero es un reto también: implica zafarse de peleas inútiles y dramas de camerino, soltar el ego de los divos y reafirmar la quebrada seguridad de quien se encuentre frágil. Implica también blindarse contra la terrible ansiedad que acá afuera nos carcome y, en cambio, salir a divertirse y jugar en calma.

La última vez que escribí una carta con deseos para ser leída por alguien más fue al niño Dios. En ese momento solo se pedían cosas en concreto: un juguete, un dulce. Las cosas ahora son distintas, pero sigo deseando. Esta vez pido para ustedes que todo fluya en su favor, que jueguen valientemente y con una sonrisa en el alma; que conserven la sangre hirviendo y la cabeza fría; que sepan identificar el momento correcto para romper a sus rivales en dos, para escaparse al rigor de las líneas y que todas las curvas del fútbol acaben por favorecernos.

@FCF

No siendo más, me apresto a dormir con el partido en la cabeza. Que sea el mejor de los mundiales posibles para ustedes. Cuídense los unos a los otros y háganlo todo por ustedes mismos, que nosotros igual vamos a estar apretando el culo, como es debido. Mucha fuerza.

Por último, quiero decir que esta columna se publicará cuando todo haya acabado en el Mundial. Pero sin importar el resultado, regresen o no con la Copa, los deseos y gran apoyo son los mismos.

Ser un aficionado de Selección Colombia es un asunto de toda la vida.

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