ESTILO

CONSUMO RESPONSABLE

Hope es una compañía creada por una colombiana, preocupada por mantener una identidad ética en todo su proceso de producción.
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Por: Sergio Ramírez

Tras 15 años  de estar vinculada al sector textil la administradora Sara Milanés Ripoll decidió que estaba lista para crear su propio emprendimiento. Su primera idea era que su producto fuera un primer paso para aquellos que querían entrar al mundo de la moda y de los productos de calidad. “Nos enfocamos en prendas básicas premium, porque creemos que la mejor manera de empezar esa transición es por los esenciales”.

HOPE_MEN30163A pesar de ser una idea de una colombiana, las operaciones de su compañía, Hope, Made in the world, están centradas en los Estados Unidos (con un centro de distribución en Idaho) y gran parte de la inversión se origina fuera de nuestras fronteras; incluso, el año anterior realizó una campaña internacional de crowfunding con el fin de recolectar $10.000 USD para apalancar su negocio. Esta campaña estuvo dirigida principalmente a lo que se conoce como “ethical market segment”, esa porción del mercado, conformado principalmente por millennials, que da una gran importancia a los aspectos filosóficos de la marca y que quiere apoyar proyectos socialmente responsables.

Son los “early millennials”, jóvenes entre 28 y 36 años, el mercado principal de la compañía, que tiene su principal clientela en California, un lugar relacionado directamente con la mentalidad de la marca. Hope, Made in the World se define a sí misma como una compañía de prendas de vestir éticas; es decir, que trata de cumplir con todos los requerimientos en una industria que, como la de los textiles, ha estado en el ojo del huracán por comportamientos que van desde la utilización de mano de obra infantil en sus talleres y en los campos de cultivo, hasta la depredación del medio ambiente por el tratamiento de sus materias primas.

“Como empresa fomentamos mucho el tema de las auditorías -explica Sara-, que la práctica a lo largo de toda la cadena de valor de la producción esté bajo lo que consideramos nosotros que debe ser la conducta adecuada”. Recientemente, la empresa recibió la certificación Child labor free, otorgada por una organización internacional con sede en Nueva Zelanda que garantiza que ni Hope ni sus proveedores han utilizado mano de obra infantil. “Estamos trabajando en el tema de certificar toda nuestra cadena de valor conectándonos con organismos internacionales, es algo que demanda tiempo y trabajo”.

HOPE_MEN30152Según Sara, su principal preocupación es consolidarse como una marca sustentable; es decir, limitando la creación de residuos mediante una producción mínima y esforzándose por obtener materiales que tengan el menor impacto posible sobre el medio ambiente. “No queremos convertirnos en una empresa masiva ni vender miles y miles de prendas sin control”. La idea, explica, es que cada parte del ciclo alimente al siguiente y, de esta manera, se reduzca los impactos negativos, para lo cual seleccionan cuidadosamente sus proveedores, mediante parámetros que van desde los temas ambientales, hasta adecuadas condiciones laborales y calidad del producto.

Su proveedor de materia prima es Organic Cotton Plus, una compañía propietaria de una granja de algodón en Texas que se convirtió en una de las primeras fincas orgánicas certificadas en los Estados Unidos y el primer minorista de telas que consiguió la certificación Gots (Global Organic Textile Standard), considerado el principal sello textil ecológico que existe actualmente.

“Nuestras camisetas son producidas en Michigan, donde encontramos una empresa especializada en reciclaje, y para nuestras colecciones de suéteres y bufandas trabajamos con una empresa familiar en Arequipa, Perú, que utiliza energía solar en sus plantas, reciclan el agua en el mismo canal de producción”. Igualmente, asegura, utilizan tintes de bajo impacto sobre el medio ambiente que cumplen también la norma Gots. “Esa es nuestra manera de aportar y la idea es seguir creciendo”.

Resultado de imagen para Hope, Made in the WorldSegún datos de la industria, en el mundo hay alrededor de 40 millones de personas vinculadas como obreros a la industria textil, la mayoría de los cuales gana menos de tres dólares al día. La empresaria asegura que Hope también se preocupa por impulsar el empleo sostenible, mediante la vinculación con empresas familiares. “Estamos hablando de talleres que no tienen más de 25 empleados, que trabajan en jornadas legales de ocho horas diarias con sueldos justos. Nosotros vigilamos la calidad humana del trabajador en la fábrica”.

Durante los primeros años la producción estuvo centrada en Perú, pero ahora Hope ha comenzado a producir parte de sus prendas y accesorios en Colombia. “Nos gusta trabajar con artesanos en el país, también forma parte de lo que somos”.