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EL SABOR DE LA TRADICIÓN

Un grupo de jóvenes colombianos están importando una de las mejores cervezas artesanales del mundo. Una historia que comienza hace varios siglos en el interior de un monasterio belga.
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Cortesía
Por: Redacción

La Orden Cisterciense de la Estricta Observación (en latín: Ordo Cirteciensis Strictoris Observantiae), también es conocida como Orden de la Trapa, y sus miembros, como monjes trapenses, debido a que su origen se remonta al monasterio de La Trappe, en Francia, donde Armand Jean Le Bouthillier de Rancé, fundó la obra en 1664, como una ramificación de la Orden del Císter.

Resultado de imagen para monjes cistercienses PRODUCEN CERVEZADebido a que muchos de sus monasterios se encontraban en privilegiados terrenos de regiones como Borgoña, desde el siglo X los monjes cistercenses encontraron en el vino una fuente de consumo y financiación. Para comienzos del siglo XII ya eran los primeros productores de vino de calidad en Francia, puesto que conservaron hasta la revolución francesa. Paralelamente, en algunas abadías de Gales, Escocia y Escandinavia, donde no había condiciones favorables para el cultivo de la uva, los monjes comenzaron a producir cerveza.

Para financiar su obra, los trapenses decidieron continuar con la tradición de sus antecesores cistercenses y producir diferentes tipos de cerveza que, debido a su proceso artesanal, comenzaron a hacerse famosas a mediados del siglo XX, al punto que a otros productores de cerveza (que no tenían nada que ver con los monasterios) se les hizo fácil ponerle a su producto el nombre “trapense” y beneficiarse del buen nombre creado por los monjes a lo largo de siglos de trabajo, estudio y oración.

Los monjes (que podrán ser santos, pero no tontos) crearon la Asociación Internacional Trapense y diseñaron un sello que solo pueden llevar las cervezas que cumplan con algunas reglas básicas: la primera es que Resultado de imagen para asociación Internacional Trapensedeben ser producidas por o bajo la responsabilidad de una comunidad religiosa; la segunda, que el producto debe hacerse dentro de los muros o en las inmediaciones de la abadía, y tercero, que los ingresos deberán ser usados para el sustento de los monjes y el mantenimiento del monasterio, y lo que sobre, destinarse a obras sociales.

Esto, ganar dinero para distribuir en obras sociales, fue lo que convenció a Hughes Glatigny. Durante años, este economista de origen francés con maestría en marketing había trabajado con multinacionales como Nestlé, Disney y Nutricia Drinks. Un día, recibió la llamada de un amigo que le dijo que le tenía el trabajo ideal en una empresa que buscaba generar rentabilidad, pero enfocada en la caridad. “Al final del día tenemos que hacer dinero, generar un valor, pero es una utilidad que sirve para hacer obras sociales, ayudar a las personas”, asegura.

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Glatigny es actualmente el gerente de exportaciones de Chimay, una de las 11 marcas que forman parte de la Asociación Internacional Trapense. A mediados de 1850, un pequeño grupo de monjes se instaló en la meseta de Scourmont, en el municipio de Chimay, al sur de la provincia de Hainaut, en Bélgica, y alrededor del monasterio construyeron una granja, una fábrica de quesos y una cervecería, que produjo su primera cerveza en 1862.

Desde entonces el negocio ha crecido de tal manera que hoy en día facturan alrededor de 80 millones de dólares por año y distribuyen sus productos en 55 países, incluyendo Colombia. Aquí, un grupo de jóvenes aficionados a la cerveza crearon Imporbeer, una empresa que se especializa en importar cervezas Premium como Delirium y Chimay.

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Los monjes belgas de Chimay producen tres variedades diferentes: la roja (que fabrican con la misma fórmula desde 1862), la azul, que comenzó como un producto especial para navidad y tuvo tanto éxito que no pudieron dejar de fabricarla y la triple, que combina dulzor y amargor.

El secreto, aseguran, es el agua (que se extrae de un manantial subterráneo que recorre los terrenos de la abadía), y la levadura. “No es algo que puedas comprar en el mercado”, explica Glatigny. Se trata de una variedad especial desarrollada por uno de los monjes y que hoy en día almacenan en graneros especiales en el Reino Unido, Bélgica y Alemania “Es algo fundamental que forma parte del ADN de nuestros productos”.

 

DSC_1165La otra particularidad de las cervezas de Chimay es el proceso de fermentación. Las dos primeras, se fermentan una vez en un recipiente de acero, como todas las cervezas, y luego, al embotellarla, se le agrega azúcar y levadura, se tapa y se lleva a un cuarto con temperatura controlada para una segunda fermentación en la botella. La tercera variedad, conocida como Triple (8 grados de alcohol), se somete a una segunda fermentación en barriles de roble utilizados anteriormente para añejar ron, antes de embotellarla y re fermentarla nuevamente.

Con semejante trabajo de producción es apenas obvio que tengan también sus secretos para  ser servidas. La roja, que tiene 7 grados de alcohol, debe servirse fría; la azul a temperatura ambiente, debe destaparse con cuidado porque es un producto vivo que sigue fermentándose en la botella, inclinando el vaso 45 grados y teniendo mucho cuidado con la espuma. Al final, cuando queden unos dos centímetros en la botella, se aconseja agitar el contenido para no dejar la levadura en el fondo del envase.

Durante más de 150 años, los monjes de la abadía de Scourmont (que además hacen votos de humildad y de silencio) dedican su vida a rezar, estudiar y fabricar cerveza, una bebida exclusiva que se distribuye en cantidades limitadas. Al final, a los monjes no les interesa la cantidad sino la calidad y necesitan tiempo para rezar.