ENTRETENIMIENTO

FREDDIE MERCURY: EL MONARCA DEL ROCK

27 años después de su muerte, se estrenó la película sobre su vida, Bohemian Rhapsody. Eso nos motivó a seguir homenajeando a este personaje que cambió la historia de la música.
Por: Camilo Villabona
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Tal vez el casete más desgastado que tuve en mi juventud fue Queen Greatest Hits. Sé lo que muchos dirán: “Sí, puros hits”, y no pueden tener más razón. Estaba ante un disco maravilloso y lleno de éxitos que, por algún motivo, después de escucharlos, me empezaron a gustar, y fueron el abrebocas para conocer a Queen por completo. Tiempo después empecé a entender por qué esta banda británica es una de la más importantes de la historia del rock, y por qué su líder y vocalista, Freddie Mercury, es una verdadera leyenda.

Farrokh Bulsara (su nombre real) nació en Zanzíbar, una isla de Tanzania, y desde pequeño era evidente el talento que tenía para la música, en especial para el piano, su instrumento preferido. Debido a que su papá consiguió un nuevo trabajo, Farrokh y su familia se fueron a vivir a Londres. Pero nada es coincidencia, porque estando en esa ciudad enorme y cosmopolita, ese lugar tan nuevo para él (aunque terminó hablando con un perfecto acento londinense) conoció a Brian May, guitarrista, y Roger Taylor, baterista, quienes hacían parte de una banda llamada Smile, pero que a pesar de lanzar varias canciones y hacer algunos conciertos, nunca lograron mayores éxitos.

El vocalista de Smile por fin renunció, y en ese momento, cuando Roger y Brian quedaron a la deriva, Farrohk se les unió, cambió su nombre a Freddie Mercury y rebautizó a la banda con un nombre polémico para 1970 por su connotación gay: Queen. Y ahí empezó todo. Freddie desplegó su increíble registro vocal y su dominio envidiable del escenario y del público, y sus compañeros musicales, unos verdaderos genios, aportaron todo su talento para cada canción. Juntos terminaron alejándose de la experimentación de la época, y se abrieron su propio camino en medio del movimiento que estaba tomando fuerza en esa época: el punk.

 TAPA. Una especie de magia el principio de Queen.

Su primer álbum, Queen, no tuvo mucha acogida. Sin embargo, después de un trabajo excesivo y la aparición en The Top of Pops, un programa mal hecho donde los artistas doblaban, el álbum Queen II empezó a subir en las listas musicales de Reino Unido. En esta producción empezaron a asomarse las técnicas de multigrabación sobre las cintas; grababan tantas veces sobre ellas que quedaban transparentes. Tiempo después, en 1974, lograron que el sencillo Killer Queen, del álbum Sheer Heart Attack, fuera la segunda canción más escuchada del país. Aunque, claro, no es para nada una sorpresa, porque con este trabajo se notó cada vez más la inteligencia de sus melodías y la voz de Freddie se empezó a destacar entre el resto de los cantantes del momento.

En 1975 llegaron las giras por Estados Unidos y Japón, y sus canciones eran éxitos en varios países. Sin embargo, estaban quebrados. Habían cometido el gran error de firmar con una casa productora que le vendió los derechos de su trabajo a la compañía discográfica, lo que significaba que no recibían nada de dinero. Aparecieron más y más deudas, así que se atrevieron a hacer A Night at The Opera, un álbum que se convirtió en su salvavidas. Freddie tenía guardados muchos pedazos de canciones inéditas y melodías, y decidió armar este rompecabezas. El resultado fue su obra maestra, Bohemian Rhapsody, una canción de más de cinco minutos (algo inconcebible para la radio) que les puso el mundo a sus pies.

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Mercury vivió un tiempo en Nueva York y terminó enamorándose de las fiestas, las drogas, el sexo desenfrenado y una vida llena de excentricidades. Luego se mudó a Múnich y en 1985 decidió lanzar una canción como solista, Living on My Own, cuyo video fue hecho en una de sus alocadas celebraciones de cumpleaños. Aunque el disco no tuvo mucho éxito, refleja una época de mucha felicidad en su vida. Por ese tiempo conoció a Jim Hutton, su gran amor, una persona normal en comparación con su ahora particular pero muy popular estilo. Sin embargo, eso no fue un problema. Así le gustaban a Freddie, entre más comunes, mejor. Tiempo después regresaron a vivir juntos a Londres.

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En ese año, 1985, Queen estaba en la cima, y en el concierto de Live Aid lo demostró. La idea de este evento era recaudar donaciones monetarias para los países de África Oriental, así que varios artistas y bandas se presentaron simultáneamente en los estadios Wembley, de Londres, y John F. Kennedy, de Filadelfia. Cuando Queen salió, había 72 mil personas viéndolos en vivo y millones más lo hacían por televisión. Quienes conocieron a Freddie aseguran que estaba muy nervioso ese día. Llevaba un tiempo sin pisar un escenario y cualquier cosa podía pasar.

Pero lo que logró en esa presentación fue épico, inolvidable, quizá uno de los mejores shows en la historia del rock que hizo que las donaciones al evento aumentaran de inmediato. En 15 minutos tocaron versiones cortas de Bohemian Rhapsody, Radio Ga Ga, Crazy Little Thing Called Love, Hammer to Fall, We Will Rock You y hasta hizo un duelo vocal con el público. Cerraron con la asombrosa We Are The Champions y toda la gente que estaba ahí la cantó con los brazos arriba. Sublime.

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Después de Live Aid, Queen hizo cosas maravillosas. En 1986 salió A Kind of Magic, con el que hicieron su última y más exitosa gira. Dos años después, Freddie lanzó, junto a la soprano Montserrat Caballé, la canción Barcelona, la cual se convirtió en un verdadero himno de esa ciudad. Y en 1989 lanzó el álbum The Miracle, donde apareció su otro gran éxito: I Want It All.

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Pero entonces empezaron a aparecer rumores sobre la salud de Freddie y cada vez había más y más fotos en los tabloides que mostraban su decaimiento. En 1991 lanzaron el álbum Innuendo, con el cual quedó claro que la banda se iba a disolver. Sin embargo, eso no fue lo que les llamó la atención a los fans. En los dos videos que grabaron, I’m Going Slightly Mad y These Are The Days Of Our Lives, Freddie aparece muy delgado y con mucho maquillaje. Después se supo que la decisión de grabar en blanco y negro fue para ocultar las manchas en la cara que tenía el cantante. Ya era imposible ocultar lo evidente.

El 23 de noviembre de ese año, Freddie publicó una carta en la que contaba que tenía VIH. Lo sabía desde 1987, pero había hecho todo lo posible por mantenerlo en secreto. Dijo que su vida privada siempre había sido algo muy importante para él y le pidió a la prensa que respetara esa decisión, por lo que no daría más entrevistas. Ahí sus fans entendieron la razón de la última canción del álbum Innuendo, The Show Must Go (El show debe continuar): era una despedida de Freddie. Por supuesto era solo cuestión de tiempo. Para ese momento casi ni existía un tratamiento para esta enfermedad.

Freddie murió al día siguiente por complicaciones con una bronconeumonía. Todo el mundo lo lloró, pero aun así sabían que sus canciones, su música, su estilo y su memoria no se iban con él. Por el contrario, quedarían por muchísimo tiempo sin un solo rastro de polvo y seguirían conquistando nuevas generaciones. Como él mismo cantó, y como si supiera lo que iba a pasar con su legado, el show continuó.

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