ENTRETENIMIENTO

¿INSPIRACIÓN O PLAGIO?

Estas cinco canciones quedaron marcadas por la sombra del plagio.
Por: Mauricio Sojo Vásquez
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LA DELGADA LÍNEA ENTRE TOMAR UN PAR DE NOTAS Y VIOLAR CON DESCARO LOS DERECHOS DE AUTOR

 

 

  1. Blurred Lines – Robin Thicke y Pharrell Williams

 

Este superéxito de 2013 fue señalado por la familia de Marvin Gaye por una evidente similitud con Got to Give It Up, de 1977. Ante esto, Thicke se defendió alegando una inocente “inspiración”, pero luego un jurado de California confirmó el plagio y le ordenó a él y a Williams pagar 7,4 millones de dólares por infringir los derechos de autor. Esta canción es famosa por algo más: lanzó a la fama a Emily Ratajkowski, quien baila muy ligera de ropas junto a Jessi M’Bengue y Elle Evans. Para los fanáticos, existe una versión unrated en la que las modelos aparecen bastante más descubiertas.

  1. Ice Ice Baby – Vanilla Ice

La historia de esta canción, el primer single de hip hop que alcanzó la posición número uno en el Billboard Hot 100, es un vergonzoso escándalo: el riff de bajo inicial resultó idéntico al de la célebre Under Presure de Queen y David Bowie. Es común que en el hip hop se hagan samples de canciones famosas, pero en este caso Vanilla Ice lo tomó “prestado” sin permiso. A pesar de que trató de justificarlo, al final llegó a un acuerdo extrajudicial para indemnizar a los autores; pero el daño ya estaba hecho, y Queen y Bowie quedaron atados a Ice Ice Baby para la eternidad.

  1. My Sweet Lord – George Harrison

 

En 1970, el ex Beatle y uno de los guitarristas más famosos de la historia protagonizó un sonado escándalo de derechos de autor, pues el éxito con el que empezó su carrera en solitario, My Sweet Lord, resultó ser un plagio de He’s So Fine, presentada en 1963 por The Chiffons. En su veredicto, el juez aclaró que era un caso de plagio “sin querer”, como consecuencia de la criptomnesia, que ocurre cuando uno tiene ideas que no son originales pero el cerebro cree que sí lo son. Sin embargo, Harrison indemnizó a los autores con dos millones de dólares, y luego se vengaría en la canción This Song con una clara referencia al episodio.

  1. Creep – Radiohead

Se convirtió en el éxito y la desgracia de Radiohead, a tal punto que Thom Yorke confesó odiarla y se abstuvo de tocarla hasta 2001. La razón: cuando se convirtió en un himno del rock de los 90, Albert Hammond y Mike Hazlewood demandaron por la violación de sus derechos sobre la canción The Air That I Breathe, de 1974, pues el inicio en progresión es muy similar a las notas originales. Al parecer, esta coincidencia fue consciente, o al menos así lo estimó un jurado que ordenó la coautoría de Hammond y Hazlewood y una compensación económica. Más tarde Yorke y su combo demandaron a Landa del Rey por su canción Get Free, alegando una semejanza en la misma progresión de acordes.

  1. Bitter Sweet Symphony – The Verve

Crónica de un plagio anunciado. Cuando Richard Ashcroft, el cantante de The Verve, compuso el tema que lo llevaría a la gloria, solicitó una licencia para usar un sample de The Last Time, una canción de los Rolling Stones que no tuvo resonancia. Recibió autorización para utilizar solo cinco notas. Pero el resultado fue un riff idéntico. Se convirtió en una de las melodías más famosas de la época y, por supuesto, no les gustó a Mick Jagger y Keith Richards, quienes demandaron y fueron reconocidos como beneficiarios de las regalías. Ashcroft dijo con justa ironía: “el mejor tema que los Rolling Stones han compuesto en 20 años”.

 

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