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LA VUELTA AL MUNDO

John Scott, que se ha pasado gran parte de su vida saltando de un lugar a otro, lleva cuatro años en Colombia, la mayor parte del tiempo trabajando como embajador de Macallan, considerada la marca de whisky más apreciada de Escocia.
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Cortesía
Por: Sergio Ramírez

“En Bogotá vivo muy bien y Colombia tiene ciudades muy interesantes; en Quito está mi familia y en Ecuador se puede viajar por el país muy fácil; en Lima tengo muy buenos amigos; en Argentina se come muy bien; Panamá es como Miami, tiene una hermosa vista; Londres es una ciudad costosa, pero espectacular; Escocia es hermosa pero casi todo el tiempo sientes que estás en la mitad de la nada; Tenerife (en España) me encantó, no sé si volvería a vivir allí, pero sí tengo que regresar a esa isla”. John Scott (pasaporte británico, ascendencia argentina, acento ecuatoriano y residenciado en Bogotá) ha vivido en una decena de países, trabajado en casi 20 y visitado muchos más, gracias a su trabajo.

MC3Seguramente eso (la posibilidad de saltar de un lado a otro) fue una de las razones que lo llevaron a estudiar Administración de Empresas de Hospitalidad (lo que en Colombia se conoce como hotelería y turismo o algo así) en la Universidad San Francisco de Quito. Claro, cuando uno estudia hotelería tiene claro que, si le va bien, va a pasar parte de su vida dando vueltas por el mundo; lo que uno seguramente no piensa es que va a lograr lo mismo enseñando a tomar whisky. “Soy el experto que transmite ese conocimiento para educar y tratar de que la gente se enamore de este mundo”, asegura sobre su trabajo desde hace algunos años.

Cuando ingresó a la universidad, no obstante, lo que le llamaba la atención era brindar un buen servicio a las personas en un ambiente de alto nivel, lo que se resumía en especializarse en hotelería de lujo. La cosa iba bien, aún no se había graduado cuando le ofrecieron un importante trabajo en un el que sería el Marriott Quito, pero entonces recordó que, a pesar de su perfecto español y de que jamás había realmente vivido en Europa, John es, oficialmente, un súbdito inglés. “Cuando iba a aceptar el trabajo me dijeron que no se podía porque yo era un ciudadano extranjero y no tenía visa de trabajo”.

Hijo de una pareja de argentinos (vinculados a la industria petrolera cuando eso era un buen negocio), y nieto de una inglesa y un escocés (por parte de padre), Scott asegura que el whisky es y ha sido su bebida preferida. “Tengo recuerdos de mi infancia en Perú, como a los 8 o 9 años, y mi padre con un vaso de whisky en la mano”. Sin embargo, su vida dio varias vueltas antes de llegar al mundo que hoy lo apasiona.

Nació en Londres, pero antes de regresar, ya graduado de la universidad, vivió con su familia en Libia, Venezuela, Perú, Ecuador y Colombia (donde se graduó del colegio). De vuelta a Inglaterra (con 22 años) comenzó a trabajar en un hotel, luego se fue a Tenerife (España) y a Santo Domingo (República Dominicana) como guía turístico. Cuatro años más tarde, volvió a Ecuador, y allí, en América del sur, a más de 9.000 kilómetros de Escocia, este británico se reconectó con el whisky. “Terminé trabajando como gerente de una discoteca, luego de un club de golf y, finalmente, como gerente de alimentos y bebidas y profesor en la universidad donde estudié”.

MC7En medio de todo ese periplo, conoció al directivo de una marca de whisky quien le propuso trabajar con ellos. “Me mandaron a Escocia para entrenarme (ha ido y regresado de ese país por lo menos siete veces en la última década) y luego me dijeron que me necesitaban de tiempo completo como embajador regional”. Como tal regresó a Colombia en el 2013, durante algunos meses promocionó una marca de ron Premium y hace poco más de dos años se convirtió en el embajador de Macallan.

Considerado el whisky más preciado que sale de Escocia, Macallan fue una de las primeras destilerías en obtener una licencia de destilación por parte de la corona, a comienzos del siglo XVII, y desde entonces ha roto varias marcas. En 2015, durante una subasta en Sotheby’s, un millonario taiwanés pagó US$628.000 (unos 1.800 millones de pesos) por una botella de seis litros de whisky elaborado en barricas de 1940 a 1990, convirtiéndose en el precio más alto pagado por una botella de whisky (el anterior también había sido por una botella de Macallan subastada en Nueva York en 2012 por US$ 460.000).

“Es una marca que tiene mucho estatus”, explica Scott, quien ha dirigido catas de whisky en Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México y Puerto Rico (“creo que ya son más de 2.000”, calcula) y asegura haber probado por lo menos 100 tipos diferentes de whisky.

Para él, el secreto de un buen whisky no está en la calidad del agua, como se repite una y otra vez, sino en la maduración. Macallan, que, según Scott, gasta en maderas más que todas las demás destilerías escocesas juntas, produce gran parte de su whisky en barricas españolas que han contenido vino de jerez. “También tenemos el corte más fino, embotellamos solo el 16 % más puro, eso quiere decir que de cada mil litros de whisky que producimos, utilizamos 160, el resto se desecha”

Eso es lo que lo apasiona de su mundo, explica, el misticismo. “Es un trabajo artesanal que mantiene una tradición de cientos de años”. Tradición que sigue disfrutando y valorando. Al final de una semana de tratar de llevar a sus audiencias a ese universo que él considera mágico, se sienta en el balcón de su apartamento, con una maravillosa vista de Bogotá y se sirve un whisky.