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LOS MOTORES Y YO

Lastimosamente, el carro y la moto se han convertido en los símbolos por excelencia de lo frágil y ridícula que puede ser la masculinidad, o lo que muchos pretenden que sea.
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Por: Santiago Rivas
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YA SON 19 AÑOS DE LA PRIMERA VEZ QUE INTENTÉ APRENDER A MANEJAR, SIN ÉXITO.

No es que me sienta incapaz, ni que los nervios me pongan iracundo, como nos pasa a mi familia. La verdad es que los carros siempre me importaron muy poco. No me parece que sean un símbolo de progreso personal, ni de estatus. Me parece que son una herramienta. Una, sobre todo, que no quiero aprender a usar.

Pero además quisiera aprovechar este número de la revista para dar mi opinión impopular: es una estupidez esa relación que existe entre la masculinidad y los motores.

 


Para empezar, ya es más que evidente que los fanáticos de los carros monstruos y de las motos que se engallan para que suenen como si fueran bombarderos de la Segunda Guerra están tratando de compensar porque creen que su pipí les mide un centímetro (si esto es verdad o no, es irrelevante, como lo es el peso de quien siempre se ve gordo en el espejo). Lastimosamente, el carro y la moto se han convertido en los símbolos por excelencia de lo frágil y ridícula que puede ser la masculinidad, o lo que muchos pretenden que sea. Yo sé que sobre eso es este número de la revista, pero todo hay que decirlo.


Debo decir que las personas que mejor he visto manejar son mujeres en su mayoría, contrario a lo que a menudo opinan los hombres que se dicen “de verdad” y que, obvio, no son los modelos bellísimos de los relojes y los blazers, sino los imbéciles que todavía se quejan de que se les obligue a usar casco en la moto, porque estos vehículos en apariencia no sirven para moverse, sino para que a uno lo vean montado en ellos. Eso no tiene sentido, como no lo tiene comprar un carro cuyo chasís reposa a cinco centímetros del suelo, en una ciudad llena de huecos. Pero ya eso es de cada quien, y mi opinión no va a cambiar nada.

Es más, creo que los entiendo. Yo tampoco puedo concebir un mundo sin carros. Al menos porque dos de mis programas de TV favoritos de la historia están ligados a ellos: por un lado Top Gear en su versión inglesa, con todo y el pesado de Jeremy Clarkson. Por el otro, Comedians In Cars Getting Coffee, que es una obra maestra, una joya de la simpleza. Si esto fuera poco, son muchas las películas de carretera, muchas las películas de James Bond que yo extrañaría si todo el mundo fuera como yo, un peatón compulsivo.

mario kart cage GIF

Ya voy en mi tercer intento, a ver si me animo y aprendo a manejar, persistiendo más por amor a mi novia y por respeto a la sanidad mental de mi suegra, que no puede creer que yo sea un adulto tan incompleto, un desconsiderado incapaz de llevar a nadie a un hospital en caso de emergencia.  Vamos a ver si pensando en ayudar, o al menos dejar descansar a Viví en carretera, acabo por animarme. Eso sí: los atiendo de a uno en Mario Kart.

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