MOTOR

CLÁSICO PERFECTO

Cómo la ingeniería de Porsche inspiró a los automóviles más avanzados de la actualidad.
Por: Chris Nelson
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Considerando la velocidad con la que cambian las cosas, hoy en día es muy fácil perder la noción del tiempo y, con ella, la invaluable perspectiva que nos da en la vida. Lo mismo sucede en el caso de los automóviles, incluso los súper autos, como el Mercedes-AMG Project One, que alcanza los 350 kilómetros y produce alrededor de mil caballos de fuerza, y el aerodinámicamente salvaje Aston Martin Valkyrie, de fibra de carbono con su muy baja relación potencia-peso.

Comparado con estos dos, el Porsche 959, creado hace más de 30 años, parece algo pedestre. ¿Qué tan atractivo es un súper deportivo sensato y discreto con un cómodo desplazamiento y una velocidad máxima de menos de 321 kilómetros por hora? Pero cuando el Porsche 959 debutó en 1985, superó los límites del desempeño automotriz.

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Después de su primer viaje en el deportivo de 230 mil dólares, Car and Driver dijo: “El Porsche 959 puede cumplir casi cualquier misión automotriz tan bien, que llamarlo perfecto es la más ligera de las exageraciones”. En su número de noviembre de 1987, la revista Automobile lo llamó el “auto del siglo”, afirmó que este carro reescribió las reglas para los deportivos y agregó que los competidores de Porsche tendrían dificultades para construir algo que sobrepasara las “asombrosas habilidades” del 959. El desarrollo de este modelo marcó el comienzo de una nueva era en el sello alemán, introdujo las tecnologías, entonces exóticas y ahora utilizadas comúnmente por la marca, y estableció el estándar de la industria para autos de alto rendimiento.

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La discusión sobre el 959 comenzó en 1981. El entonces nuevo CEO de Porsche, Peter Schutz, quería actualizar su modelo distintivo, el 911. Por la misma época, el World Rally Championship incluía una nueva clase altamente competitiva llamada “Grupo B” y Porsche quería entrar. Para competir, se le exigiría que solo produjera algunos autos que pudieran usarse en la calle de manera legal, basados en su coche de rally, y esos autos legales podrían venderse con facilidad a un alto precio a clientes adinerados.

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La empresa Porsche que conocemos hoy en día —una potencia automotriz que produce algunos de los coches de rendimiento más convincentes del mundo— no existía hace tres décadas. Si bien tuvo éxito con sus automóviles de calle, así como con los de carreras, aún tenía que combinar sus conocimientos en un sólo producto y emplearse al límite en una era automotriz emergente y más avanzada. El 959 cambiaría eso. Si bien el automóvil compartiría su forma general, estructura y distancia entre ejes con el 911, casi todo lo demás en el 959 sería reinventado.

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Este auto no solo tenía tecnologías modernas que nunca antes se habían visto en los automóviles para calle, sino que también logró empaquetarlas de una manera que no castigaba al conductor. La idea de “comodidad” en el 959 mostró detalles poco comunes en los deportivos de la época, como el aire acondicionado, un sistema  de audio, ventanas y asientos eléctricos. La lujosa cabina tenía un acabado de alta gama, buena visibilidad, poco ruido del viento y un bajo y silencioso escape que significaba que el 959 podía ser usado a diario. Cuando el primer prototipo de este auto hizo su debut público en el Motor Show de Fráncfort en 1983, nadie había visto algo así. “Los CD, VCR y las consolas de juegos apenas comenzaban cuando apareció el 959 en Fráncfort”, bromea Dave Engelman, portavoz estadounidense de Porsche para el automovilismo y el legado de la marca.

Wenn Keanu Reeves nicht gerade mit seinem 911 Carrera 4S unterwegs ist, hat er eines seiner Arch Motorräder, die er mit seinen Partnern entwickelt hat und die er bald in Serienproduktion auf den Markt bringen will.

Para cuando las versiones de producción del 959 salieron de la fábrica en la primavera del 87, el World Rally Championship había disuelto la clase del “Grupo B”, que se había convertido en un espectáculo impresionante, por desgracia, con una alta tasa de muertes, tanto de conductores como de espectadores. Si bien Porsche nunca tuvo la oportunidad de competir en la serie para la que creó el 959, su extraordinario automóvil dejó huella, le mostró al mundo lo que la ingeniería de la marca podía hacer e inspiró una nueva forma de pensar en la sede del fabricante de automóviles.

En total, Porsche produjo 339 ejemplares del 959. Ahora se pueden encontrar algunos en los envidiables garajes de gente como el comediante Jerry Seinfeld y los fundadores de Microsoft, Bill Gates y Paul Allen.

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En los últimos 30 años, deportivos ejemplares como el McLaren F1 y el Bugatti Veyron han eclipsado los logros del 959, pero incluso hoy el Porsche es el punto débil de los entusiastas de los automotores. El 959 se negó a liberarse de la restricción, cautivó al mundo con sus tecnologías destacadas, demostró que un deportivo podría ser equilibrado en lugar de infantil, y al mismo tiempo, seguir haciendo que la gente suspirara al verlo pasar.

 

 

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