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SEXY Y BARRIGÓN, ¿Y QUE?

Los “rollizos”, somos la cosa más bonita del mundo.
Cortesía
Por: Santiago Rodríguez
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Tendría que reconocer que estar gordo no es algo muy estético y que, así como miles de mujeres empezando año intentan quitarse esos kilos de más, muchos hombres, al asomo de una barriga cervecera, deciden hacer ejercicio y, por ahí derecho, servir de ejemplo para sus hijos (que los niños obesos sufren de bullying en el colegio).o1109061414106303171

Pero no. Creo que los gordos, semigordos o, como diría Calamaro en su canción “Sexy y barrigón”, los “rollizos”, somos la cosa más bonita del mundo. Defiendo a capa y espada el derecho a la barriga, a la acumulación indefinida de grasa; es mejor un gordo simpático y bonachón que un flaco desabrido o, aún peor, un idiota musculoso que solo sabe hablar de rutinas, dieta sana y bebidas bajas en calorías.

Sí, estamos una época de mucho ejercicio, mucha dieta, mucha conciencia del cuerpo, pero qué aburrimiento llegar después del fin de año -que no fue hace mucho- y someterse la tortura de la lechuga y el atún cuando el domingo hay un asado fiestero que no rebaja refajo, chinchulines, carne, plátano asado y mazorca. Esas son las cosas que los flacos y los corpulentos nos sacan en cara a los gorditos y creo que es por pura envidia.

¿Qué sería de la humanidad sin los gordos? La Navidad no existiría porque un Papá Noel flaco sería como un emo alegre; dudaría de los programas de cocina donde el chef sea un Adonis que solo prepara platos minúsculos de la “nouvelle cuisine”, que tienen como característica una gota de salsa, un bollito de algo y una mata que se asoma. El cocinero de confianza es rojito, cachetón, una alegría de ser humano que sabe hacer ajiaco, sobrebarriga y papa chorreada o sudado de cola con arvejas; ah, y tiene una pareja gordita también con delantal de flores que lo ama por lo que es y no por como se ve.

Resultado de imagen para COMIDA LIGHTMe decía un amigo de 100 kilos que están condenados a la desaparición. Ahora todo es light, los chocolates son sin azúcar y las hamburguesas de soya.  Con voz entrecortada vaticinaba: “un día de estos también nos van a prohibir entrar a los sitios; como los fumadores, que tienen que salir a botar el humo a la calle”.

Me remito a Calamaro: “soy sexy y barrigón, una suma de virtudes que escasea/soy lo que el mundo quiera o lo que sea/ soy sexy y barrigón/ soy una buena combinación de Homero Simpson con Rolling Stone…”

O como diría en la camiseta que un amigo argentino lucía con altivez: “un hombre sin barriga es como un cielo sin estrellas”. Punto.

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