MUJERES

GUERRERA

Así se define Sara Uribe. La presentadora de Lo sé todo y la emisora La Kalle aspira a presentar un magazín en la televisión internacional.
Camilo Villabona
Por: Sergio Ramírez
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“Mija, usted puede, pero no camine tan feo”, le decía Beatriz, su mamá. Esas dos palabras, “usted puede”, parecen haber guiado su vida desde mucho antes de descubrir sus sueños.

Nadie se hubiera asombrado de que una niña de barrio popular no hubiera podido, pero Sara Uribe Cadavid pudo: superar un entorno con pocas posibilidades económicas, acceder a un medio cerrado y a veces lleno de envidia, convertirse en lo que había querido ser.

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Sigue trabajando en ello. Diariamente comienza su jornada muy temprano y la termina muy tarde. Entre sus compromisos con el Canal Uno, donde presenta el programa de variedades Lo sé todo, y la emisora La Kalle, encontrar un espacio para fotos y entrevista no fue fácil.

Sin embargo, la niña, que participó en un reinado siendo muy pequeña en Andes, el pueblo de donde es originaria su familia paterna, realmente no pensaba que se convertiría en modelo o presentadora. “Cuando estaba chiquita era muy flacuchentica, dentona, la única que me veía bonita era mi mamá”, asegura con humor.

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“Sacar adelante” a su mamá y a su hermano Tomás era su principal preocupación. Muy joven, Sara, la ganadora de Protagonistas de Nuestra Tele 2012, la reconocida presentadora, la “guerrera”, decidió ayudar con los gastos de la casa. De un local en El Hueco, un sector de ventas populares en el centro de Medellín, donde hacía de todo, desde organizar la bodega hasta empacar bultos, recogía mercancía para vender en el colegio. “Con mi mamá vendíamos tortas, adornos, ropa, chulitos para el cabello, me inventaba pulseritas y así ayudaba para la casa”.

Disfruta del detrás de cámaras de la sesión fotográfica de la hermosa paisa:

El barrio

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De su padre habla poco. “Es que casi no viví con él”. Era muy pequeña cuando él decidió tomar otro camino. Durante años, Sara y su hermano vivieron con su abuela, quien se encargó de cuidarlos mientras su madre trabajaba; luego, los tres se trasladaron a San Javier, un tradicional barrio enclavado en la comuna 13, en las montañas del oriente de Medellín. “Fue un lugar que me dio mucho –asegura-: seguridad en mí misma, una casa, un hogar, por primera vez tuve un cuarto para mí sola y podía compartir con mi mamá y mi hermano; aprendí a defenderme en la vida y dejé muchos amigos”.

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Con el tiempo las cosas mejoraron, para el barrio y para Sara. Sin darse cuenta, la “flacuchentica dentona” se convirtió en una bella adolescente. “Empecé a verme bella porque ‘le metí actitud’ y se me abrieron las puertas”, sostiene. Seguramente fue algo más que actitud lo que vio Carlos Palacio, el dueño de una pequeña agencia de modelos de Medellín llamada Beauty Fashion, quien decidió darle una beca en su academia y le transmitió las bases del oficio. “Me enseñó a desfilar, me dio mis primeras clases de modelaje”.

La modelo

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“Mija, usted puede, pero no se maquille tanto”, le insistía doña Beatriz. Sara comenzó a trabajar como modelo de protocolo, repartiendo volantes en la calle, y los ingresos de su casa mejoraron. El futuro comenzó a tomar forma: quería ser presentadora (ahora sí); por eso, a pesar de que el rector del colegio Salazar y Herrera (donde terminó la secundaria con excelentes notas) le consiguió una beca para estudiar Administración de Empresas, ella decidió matricularse en Comunicación Social. “Siempre me gustó preguntar, investigar y leer sobre cosas que me llaman la atención”.

Te invitamos a leer la entrevista completa y a disfrutar de todas las fotos de Sara, en nuestra edición impresa o en la app Maxim.

Así han reaccionado los seguidores de Sara  a que Maxim la haya escogido como portada de su aniversario…

Y este es un regalito extra:

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