Portadas Maxim

NATALIA PARÍS

Difícilmente alguien en Colombia podría decir que no sabe de quién se trata nuestra portada de esta edición. Ahora, mientras disfruta de las imágenes de Camilo Villabona, puede descubrir que, aunque insistamos en encasillarla como símbolo sexual, Natalia (así, en confianza) va más allá del mito.
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Camilo Villabona
Por: Sergio Ramírez

El mito incluye la imagen de una rubia con un cuerpo impresionante y un bronceado de infarto, bajándose de un auto de esos que sólo se ven en las películas, vestida con un traje corto (muy corto) y ceñido (muy ceñido) cubierta con un costoso abrigo y adornada con joyas por todas partes   (a que se la han imaginado así).

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“No me gustan las joyas, para nada”, asegura muy tranquila. “Soy una mujer rara y salgo muy barata (sonríe, y uno recuerda por qué medio país está enamorado de ella y el otro medio… la envidia). Casi no gasto, no tengo un carro lujoso, no uso relojes ni joyas, cómo será que los huequitos de las orejas se me cerraron”.

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Creo que se me está desbaratando el mito. Adiós joyas, adiós auto lujoso y adiós abrigo; adiós vestido ceñido (y corto, muy corto), esta mujer prefiere ir por la vida de jeans y tenis. Eso sí, queda el cuerpo impresionante y el broceado de infarto (lo vi, estuve allí mientras nuestro fotógrafo hacía las imágenes que acompañan esta nota)

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El mito comenzó a forjarse hace años, cuando Natalia era una hermosa modelo, pero todavía no el fenómeno en que estaba destinada a convertirse, aunque, la verdad, descubrió que podía vivir de ser bella desde muy pequeña (cuenta la leyenda que su carrera comenzó a los 8 meses en una campaña de pañales).

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Había sido imagen de varias marcas en su adolescencia (incluyendo una reconocida firma de  de ropa interior) pero se convirtió en un fenómeno tras ser elegida para protagonizar el comercial de una cerveza llamada Cristal Oro.

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En el anuncio, Natalia (enfundada en un traje de baño dorado, cuerpo impresionante y broceado de infarto), camina por una playa y ya nada volvió a ser lo mismo. ¡Arde París! Arde el país, que comenzó a hablar de un nuevo símbolo sexual, aunque ella asegura que no pensaba eso de sí misma.

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“Nunca me he visto así. La imagen que tenía en ese entonces es la misma que tengo de mí ahora: una mujer común y corriente, guerrera y trabajadora”. Lo de guerrea y trabajadora no se discute (esta mujer es realmente incansable), lo de común y corriente…

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Por convencimiento o por aprovechar la oportunidad, Natalia se montó en el mito y el mito, por momentos, ha amenazado con esconder a la mujer. “Eso pasa muchas veces, no solo conmigo, pareciera que fuera una regla general del universo, el precio que tienes que pagar para sostener esa imagen que tú misma has alimentado”.

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Imagen que, reconoce, a veces se cansa de mantener. “Creo que es un peso del que me tengo que liberar. Ahora, cuando hago fotos, prefiero que no titulen nada que tenga que ver con que soy un símbolo sexual”. Además, ha tenido que manejar las opiniones, las críticas y las descalificaciones. “Ah no, uno tiene que aprender de eso”, asegura con la confianza de quien está curtido de pararse frente a los reflectores, pero no siempre ha sido así.

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“He tenido momentos en que ha sido un poco más difícil porque la gente se cree con derecho a meterse en tu vida. A veces las personas piensan que por que eres reconocida eres de su propiedad, juzgan, opinan y eso en algún momento, sobre todo cuando era muy joven, no era tan fácil”.

Encuentra el artículo completo en nuestra edición de octubre que ya se encuentra en los principales puntos de venta del país.