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El Canal le dio a este país la posibilidad de conectarse comercialmente con el mundo, hoy Panamá quiere que los visitantes sepan que hay mucho más que ver.
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Cortesía
Por: Sergio Ramírez

Lo que antes era una base militar de los Estados Unidos (durante la época en que los norteamericanos dominaban medio país por cuenta de la administración del Canal) ahora es un terminal alterno de los 7 que tiene Panamá (sí, Panamá es un país con casi la misma población del área metropolitana de Medellín y siete aeropuertos).

Hasta el Aeropuerto Internacional Panamá Pacífico llegan los vuelos directos de Viva Colombia procedentes de Bogotá y Medellín (lunes, miércoles, viernes y domingo). La primera impresión que uno se lleva es que el nombre de “aeropuerto internacional” le da a uno una idea errónea de lo que en realidad es: una gigantesca estructura donde apenas si puedes conseguir una cafetería.

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La verdad es que solo está prestando servicio civil desde el 2013 y no tiene mucho tráfico, pero es importante que tengas en cuenta que si tu vuelo aterriza aquí es bueno que, al regreso, recuerdes que no hay ni uno de los famosos “duty free” panameños para comprar regalos de última hora, así que aprovecha la visita a los “mall” y desocupa tu tarjeta de crédito, porque en el aeropuerto no vas a encontrar ni un dulce.

Unas por otras, el proceso de inmigración es más rápido y amigable y si te vas a hospedar en algunos de los hoteles de los sectores de Playa Blanca o Farallón, en el Pacífico norte panameño, el trayecto es más corto (ni siquiera pasa por la ciudad).

Si lo tuyo es el “todo incluido” Royal Decameron es realmente una buena opción. A unos 90 minutos del aeropuerto, en el sector de Río Hato, provincia de Coclé, playas de Farallón, se encuentra este gigantesco complejo hotelero.

 

decameronvillasareas-0017R[1]El resort (que, incluyendo villas privadas y cancha de golf, ocupa unas 254 hectáreas) fue producto de una negociación que el empresario argentino radicado en Colombia Lucio García Mansilla hizo con el gobierno panameño a comienzos de siglo para aprovechar las hermosas playas del pacífico, sub utilizadas por un grupo de viajeros compuesto en aquella época básicamente por comerciantes que solo pensaban en las mercancías del puerto libre.

Las playas de Farallones son tan atractivas que hasta el ex presidente (¿dictador?, dejémoslo en general) Manuel Antonio Noriega se construyó allí una mansión que fue demolida en el 2015. Hoy en las cercanías, donde antes había una base militar panameña (es como si todo en este país antes hubiera sido una base militar) funciona este complejo con 852 habitaciones (370 más si se incluyen las villas) que pueden acoger casi 3.000 personas en temporada alta.

decameron-ambientes16-709R[1]El lugar pretende que sus clientes (la gran mayoría de ellos europeos y canadienses) encuentren todos los servicios: nueve piscinas (una de ella con un gigantesco tobogán y otra exclusiva para adultos), ocho restaurantes con platos a la carta y dos con servicio de buffet, 10 bares, una discoteca, cinema al aire libre, parque infantil, gimnasio, dos centros de convenciones (por si a alguien se le ocurre ir a trabajar allá) y un campo del golf de 18 hoyos.

Aunque realmente el complejo está diseñado para que los huéspedes (muchos de ellos familias y parejas) no tengan ganas de salir de allí, algunos deciden aventurarse a la capital, especialmente en lo que los operadores turísticos llaman “Canal y compras”; es decir, visitar el Canal y recorrer algunos de los gigantescos centros comerciales.

 

 

El Canal de Panamá (una impresionante obra de infraestructura inaugurada en 1914 y la cual quedó definitivamente en manos panameñas a partir del 31 de diciembre de 1999) sigue siendo el principal atractivo turístico del país.

Panam+í2[1]Ciudad de Panamá tiene un hermoso centro histórico. Hace solo una década que el gobierno comenzó a recuperar los edificios coloniales del casco antiguo de la ciudad, por lo que muchos de ellos aún se ven deteriorados. Sin embargo, es una experiencia agradable conocer la Plaza Mayor, la Plaza de Bolívar, la iglesia de San José (con su altar de oro que, dice la leyenda, se salvó de los piratas) o las ruinas del convento de Santo Domingo, el cual incluía un arco chato que, aseguran, convenció a los inversionistas franceses de comenzar la construcción del Canal porque demostraba que, a diferencia de Nicaragua (el otro lugar opcionado para unir los dos océanos) en Panamá no se producían movimientos telúricos.

Otros lugares atractivos, como el mercado del marisco o el Teatro Nacional, están actualmente en recuperación, pero se encuentran bares y restaurantes, mercados artesanales y bellas calles que impulsan a tomarse una tarde para recorrer el sector con calma, tomarse un café y comprar algún recuerdo, aprovechando que, a diferencia de otros cascos antiguos como Cartagena, La Habana o San Juan, este aún no está invadido de visitantes todos los días.

Realmente, el único lugar en Panamá que parece estar lleno de turistas permanentemente es el mirador en el sector de Miraflores, en la salida del Canal por el Pacífico. “Si no vas al canal es como si no hubieras venido a Panamá”, insisten los guías turísticos, y a lo mejor es así. Es realmente impresionante ver cómo grandes buques cruzan lentamente por esa estrecha vía que conectó los dos océanos, simplificó la conexión en el mundo y puso a Panamá en el mapa, pero el país, realmente, tiene mucho más para descubrir.