COLUMNISTAS

NO SE VUELVAN LOCOS

La moda del fitness no solo ha permeado el cuerpo y la mente de las mujeres, también las de los hombres, y eso me pone a pensar que ahora las preocupaciones de ustedes en relación a cómo verse frente a una mujer van en aumento.
Cristopher Gómez
Por: Valentina Lizcano
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Antes, para la mayoría, lo que definía a un hombre era su “virilidad”, que en esa interpretación, se medía por la cantidad de mujeres y de hijos. A nadie le importaba si la barriga tapaba el cinturón o si los botones de la camisa estaban a punto de estallar; en el mejor de los casos, sus “antepasados” se preocupaban por oler rico y ya, eran unos seductores.  Hoy en día no es así (por fortuna).

CGP_0965Sin embargo, la liberación femenina y, lo que yo considero, el mal llamado “feminismo”, han logrado que los hombres se hundan cada vez más en sus inseguridades; inseguridades que van acompañadas por una preocupación por su virilidad y, claro, por el “tamaño” y el “desempeño”.

Yo puedo decir que el tamaño no importa; para mí se trata de un conjunto de cosas armoniosas que encuentras en tu pareja, pero para muchas mujeres sí que importa y no es algo que digan en voz baja; las que se interesan en el asunto lo dicen sin problema: “yo quiero uno que lo tenga  grande”, y eso, seamos sinceros, los asusta, aún más si tienen que enfrentarse a mujeres con cuerpos supuestamente perfectos.

Es ahí donde pienso que ese afán generalizado por el fitness genera cosas que no son tan positivas en la mente de los hombres en relación con su propio cuerpo.  Hoy en día, para muchos, un macho es aquel que tiene bíceps y tríceps grandes, un trapecio amplio,  pecho y abdominales cuadrados y piernas gruesas.

Está bien entrenar pero, ¿solo porque quieren verse bien para disimular sus inseguridades?

Concentrarse solo en la apariencia termina por estimular el uso indiscriminado de hormonas de crecimiento, testosterona y anabólicos, pensando en  que es la forma de conseguir un cuerpo deseable para las mujeres Ojo. No todas los queremos así.

Les venden la promesa de mejorar su virilidad, convenciéndolos de que “si te vez como un toro, vas a actuar como un toro”. Les tengo una noticia, con el tiempo esto puede cambiar, el cuerpo deja de producir testosterona de manera natural (sobre todo si lo llenan de testosterona sintética); se acaba la libido, las erecciones son menos frecuentes (y menos duraderas) y les toca buscar otro tipo de ayudas, que pueden hasta producirles un infarto.

Mi consejo: definan desde dónde se quieren relacionar con su cuerpo y por qué se quieren ejercitar. Si es para agradarle a los demás (especialmente a “las” demás), estoy segura de que nunca quedarán satisfechos, es mejor hacerlo por salud y por retarse a ustedes mismos, lo cual, les podrá asegurar una larga y satisfactoria vida sexual; además, está comprobado que los hombres que practican deporte sanamente tienen la capacidad de controlar mejor sus emociones, así que el deporte, practicado de una manera saludable y natural, puede cambiar su vida sexual  e incluso ayudarlos a conectarse con este universo extraño y estrambótico que tenemos cada una de nosotras adentro.

Suerte con eso.

 

 

 

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