MUJERES

VALENTINA LIZCANO: ME AMO UN MONTÓN

La actriz, que estuvo recientemente en pantalla en la novela Polvo carnavalero posó para Maxim y nos contó porqué, hoy, se quiere más que nunca.
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Cristopher Gómez
Por: Sergio Ramírez

“Fui muy tímida -reconoce Valentina Lizcano-, pero ya no lo soy. Creo que mi timidez venía de un profundo miedo de no agradarle a las personas y quedar en evidencia frente a los demás, pero eso es algo que ya no me importa, me di cuenta de que no tengo que darle gusto a nadie, que lo único importante es ser honesta conmigo misma y hacer lo que siento”.

Llegar a esa conclusión (y a esa tranquilidad consigo misma) fue un proceso largo y complicado. Cuando llegó a las pruebas para participar en Protagonistas de novela (el programa de telerrealidad que le abriría las puertas a sus sueños) se vio rodeada por un sin número de mujeres voluptuosas que le incrementaron los cuestionamientos que siempre había tenido con su delgado cuerpo. “Yo creo que en Protagonistas me aceptaron por conflictiva”, aseguró en una entrevista.

Valentina2BDel colegio en Málaga (Santander) la expulsaron por no quedarse callada. “Me puse una camiseta de Obituary (una banda de death metal) y dijeron que era satánica y me echaron, después me pidieron que volviera, pero no quise, no me gusta la represión”.

Terminó el colegio en otra parte y, una vez graduada, viajó a Bogotá para estudiar actuación. Desde pequeña, desde esa época en que no se llamaba Valentina, tenía claro que quería ser actriz… y bruja. “una bruja buena, como una maga. Siempre he visto las brujas de una manera diferente, como personas que saben cosas que los demás no”.

No supo lo que le esperaba en una ciudad fría, muy distinta a la Cali donde nació o al pueblito donde pasó su infancia. Pasó por dificultades, pero, asegura, “también conocí la amistad. No he llegado sola donde estoy, en mi camino se han cruzado ángeles, personas que me han apoyado y que, en esa época, me dejaron dormir en un sofá”.

Valentina1El concurso lo ganaron Ana Rivera y Kike Duarte (¿quiénes?) y Valentina se convirtió en presentadora de un programa infantil llamado “Bichos”. Su vida comenzó a cambiar, lo cual no significa mejorar. Su hermano, quien soñaba con ser oficial de Policía, murió asesinado; Valentina conoció el acoso y su cuerpo seguía sin cumplir con el estereotipo, cuando llegó la “abundancia”.

Consiguió su primer papel como actriz, en una comedia que se llamó “Aquí no hay quien viva”. Descubrió la popularidad y el dinero. Quería encajar, formar parte de algo y encontró la fiesta.

“Terminé muy metida en la rumba, las drogas y el rock and roll. Llegué a las drogas por eso, por querer encajar, por no quedarme sola, por parecerme a los demás para que no me juzgaran porque venía de un pueblo, porque no había salido del mismo colegio que ellos, porque me sentía en desventaja…”

Valentina3 (1)Fue una época difícil que le dejó muchas enseñanzas. “Esos momentos me formaron y ahora los agradezco infinitamente, me enseñaron que no todos son tus amigos y que eso está bien, que uno no tiene que tratar de caerle bien a todo el mundo y que lo más importante es ser feliz con uno mismo”.

Aunque suene cliché comenzó su sanación en la India. “Regresé a Colombia siendo otra persona”, recuerda. Sin embargo, aún faltaba mucho para encontrar la paz. “Fue maravilloso descubrir la espiritualidad, el yoga, la meditación. Pero una cosa es estar en las montañas de Nepal y otra estar en las calles de Bogotá, tenía que encontrar la forma de sobrevivir sin apartarme de mi visión interior”.

Valentina encontró en el deporte y el ejercicio lo que le hacía falta. “Con el yoga me sentía como amarrada, muy pasiva y yo soy una mujer de acción, de movimiento, de fuerza, de energía explosiva. Me encanta el yoga como complemento de lo que hago, pero no podía quedarme solo con eso”.

El péndulo se fue hacia el otro lado. El ejercicio se le convirtió en obsesión y finalmente decidió desmarcarse de todos los “ismos” y abandonar cualquier casilla. “Es igual en todos lados, las diferencias y los nichos: si eres yogui tienes que ser de tal forma, si eres ‘fitness’ eres vacía, si eres espiritual no puedes verte de determinada manera. Finalmente decidí que no quiero pertenecer a ningún grupo”.

Creó “Sana locura” su propio movimiento, con sus propias reglas y sin dogmas. “Me gusta tener el cuerpo tonificado y fuerte, pero también una mente equilibrada y un corazón liviano en el que nada pelea con nada”.

Se cansó de los juicios. “Si estaba con entrenadores me miraban feo, si estaba con aquellos que se decían espirituales me miraban feo por ser actriz y concluían que era hueca y estúpida, si salgo bailando en un video en Instagram entonces es que estoy drogada. Al principio fue duro, pero soy una mujer bastante resiliente”.

 

El deporte, ahora, es una catarsis y las redes una herramienta para acabar con los estereotipos. “Cada quien dice lo que quiere y mucha gente cree que es verdad. Yo creo que ser ‘fitness’ no es lo que mucha gente piensa, no se trata de salir bien en las fotos sino de ser respetuosos con nuestra alimentación y con nuestro cuerpo. Ahora está de moda ser ‘auténticos’, ‘reales’ y ‘originales’, y entre más nos esforzamos por ser así más nos alejamos de nuestra esencia. Es necesario irse hasta el fondo de uno mismo para encontrar su propio equilibrio, y eso no lo encuentras en los consejos de ‘pepita fit’, en un gurú, una religión o un político, sino dentro de ti mismo”.

Finalmente encontró la ‘iluminación’, la confianza, la tranquilidad. ¿Está tranquila consigo misma? “Estoy en una traga de mí… Me amo, me gusto un montón, por dentro, por fuera, por todos lados”.